Este libro representa el intento por parte del autor de reflejar el impacto que tuvo el surgimiento del terrorismo islamista en Argelia, y la consiguiente guerra civil, sobre la población local. En ese sentido, se trata de un texto útil para que los occidentales dejemos de mirarnos el ombligo y de pensar, como suele ocurrir, que somos los principales afectados por dicho terrorismo, porque en realidad es todo lo contrario: quienes lo sufren de forma diaria en sus propias carnes son precisamente los habitantes de esos países islámicos en los que el terrorismo lleva a cabo el 90% de sus acciones, aunque éstas no suelan merecer más de unos segundos en los telediarios, frente a las que se llevan a cabo en Europa o Estados Unidos.
En esta obra, veremos el impacto del surgimiento del radicalismo islámico sobre un pequeño pueblo argelino, y cómo lo sufre la población. Pero también el texto nos presenta de forma muy crítica como a menudo esa población inicialmente hasta llega a justificar ese terrorismo… mientras no les afecte directamente, mientras los muertos sean otros, con el típico pensamiento del “algo habrán hecho”. Asimismo, aparecen los colaboracionistas, los chaqueteros, los confidentes, los que sacan beneficio de cualquier situación arrimándose al sol que más calienta, sin importar a quién tengan que traicionar, personajes de doble cara que sólo buscan su propio beneficio caiga quien caiga. Y también se nos expone cómo, al final, todo esto no es una cuestión de religión ni de política ni de nada parecido: se trata a menudo, simplemente, del ansia de poder, unida a deseos de venganza y al resentimiento de años de pobreza y opresión.
Pues sí, todo esto aparece de una forma u otra en el libro, y supongo que con todos estos ingredientes se podría haber hecho una gran novela. Pero, desde mi punto de vista, aquí ese batiburrillo de ingredientes no termina de cuajar; ha faltado, si me permitís la metáfora tonta, la sabiduría del buen cocinero para obtener un buen plato a partir de una buena materia prima. Porque el resultado de todo esto me ha parecido pobre, insulso, sin emoción, hasta casi aburrido a ratos.
No, no me ha gustado el libro. Sin ser malo, me ha parecido mediocre. No me he sentido involucrado, no he sentido interés ni emoción, los personajes me han resultado planos, sin alma… Así que al final, ha sido más bien como una corta crónica novelada de unos hechos acontecidos en Argelia, y poco más. Sí, se deja leer… pero esperaba mucho más. Hasta ahora, me ha parecido lo peor que he leído de Yasmina Khadra, un autor que hasta ahora me gustaba bastante.