Saló dirige sus trazos contra políticos, banqueros y empresarios, sin distinguir entre la corriente política que gobernase en ese momento. Me gusta esa presupuesta imparcialidad a la hora de criticar tanto a socialdemócratas como a conservadores, y cómo incide en que el problema no fue sólo a nivel macroeconómico, sino que se venían dando atisbos de crisis desde las constructoras, las agencias inmobiliarias o las cajas de ahorros. No es baladí que en plena crisis, Bankia saltase a bolsa, con prácticamente todos los dirigentes de entonces en la cárcel actualmente. Pero no se queda ahí: señala la especulación en el fútbol, el sector bancario, el precio de la vivienda (ya sea compra o alquiler, el cual se viene disparando desde unos años a ahora) o las autopistas de peaje, dilema que está lejos de solucionarse.
Parte desde los gobiernos de Aznar, porque fue en esas ejecutivas cuando comenzaron a crearse los problemas que se arrastran hasta hoy. Sin embargo, también da palos a las legislaturas de Zapatero, porque tampoco hizo lo suficiente por revertir la situación, sino que la negó y… estamos en 2019, doce años después de que saltase la crisis. No se ha terminado de salir de la crisis y ya hay quienes vaticinan que en 2021 habrá otra, así que habrá que apretarse los machos.
Me gusta que el autor se tome su tiempo para explicar aspectos económicos que el lector no tiene por qué conocer. Ayuda mucho a la comprensión de lo que cuenta. Por otro lado, su estilo es muy ameno, casi con tono de humor, aunque también se pone serio cuando toca. Los dibujos son sencillos, para no despistar al lector de lo que quiere mostrarnos, y en blanco y negro.
En definitiva, Simiocracia es una obra muy interesante, amena y entretenida, que se puede leer en un ratejo y que deja un poso sobre el que meditar cómo se pudo llegar a eso, cómo no se ha hecho nada aún para remediar estos males y cómo previsiblemente esta situación nos hará volver a caer. Porque hay que ser positivo pero también hay que ser realista.