Greg Egan es un genio, y como ocurre con tantos otros genios antes que él, su obra no está a la altura de la mayoría. Con esto no me refiero a que sea una gran lumbrera literaria, en absoluto. Egan, como estilista, es versátil, competente, y aunque logre algo vedado para el grueso de escritores de ciencia ficción dura, a saber, ser expositivo de manera orgánica, sin que sus peroratas parezcan un copia y pega de Wikipedia, bien introduciendo pinceladas de humor e ironía, bien por la consistencia de sus diálogos, el australiano no busca ocupar un lugar privilegiado entre las grandes plumas inglesas: tan solo quiere sorprenderte con sus ideas y conceptos atrevidos. Y lo logra, a veces hasta el punto de resultar ininteligible. Egan sigue el método Feynman, aquel que utilizaba el ínclito físico para interiorizar el aprendizaje y esculpirlo en las cisuras de la corteza cerebral, consistente en leer, comprender y luego explicar de la mejor forma posible lo leido para hacer efectiva su comprensión. Por eso muchos de los relatos de Egan parecen escritas para él, como una forma de abordar temas apasionantes solo para una minoría tan docta, por no decir autista, como él. No es extraño que el grueso de lectores de la población lo tilde de aburrido, denso, árido: de coñazo supino.
No culpo a nadie. A mi, en varias ocasiones, me lo parece. En esta antología hay dos cuentos de los que no he entendido nada. Soy una persona totalmente anumérica. Para mi la conjetura de Goldbach es más un chiste sobre la endogamia que una realidad matemática.
Lei Axiomático, la que todo el mundo considera su gran antología, hace años. No guardo más que una ligera impresión de aquellos cuentos: se que me resultaron tan estimulantes como abrumadores. Soy incapaz de recordar ninguno de aquellos relatos, y mucho me temo que algo similar me ocurra con estos diez cuentos si no escribo rápidamente sus premisas y mis impresiones. Así que allá que voy:
Briznas de paja (***): al protagonista se le encarga la búsqueda y captura de un importante genetista tras su desaparición en El Nido, una parcela hermética en la selva amazónica donde toda la fauna y flora ha sido modificada genéticamente para evitar la intrusión de ningún extraño.
Eva mitocondrial (****): en el futuro cercano, una nueva secta humanista declara, acertadamente, que todos los seres humanos descendemos de una única hembra de homo sapiens que vivió en África hace 300.000 años, y a cuya ascendencia podemos acceder gracias a nuestro ADN mitocondrial. Esta nueva revelación, lejos de hermanar a toda la humanidad, será un nuevo campo de batalla identitario que enfrentará a diferentes grupos racistas.
Luminoso (**): un sorprendente descubrimiento matemático ha demostrado que, durante los primeros instantes, existían unas matemáticas con axiomas ilógicos e inútiles. Para comprobar su teoría y evitar que su descubrimiento caiga en las manos equivocadas, los científicos acudirán a Luminoso, un ordenador cuántico que funciona con luz.
Señor Volición (*): un atracador logra como botín un parche capaz de cambiar su forma de pensar y razonar, una ventana que le permite distanciarse de sus pensamientos y analizarlos como un espectador externo. O algo así. Yo que sé.
Crisálida (***): una empresa biotecnológica está sufriendo una serie de atentados que tratan de malograr su última patente: un bloqueo bioquímico que evite el paso de sustancias tóxicas a través de la placenta. La investigación del protagonista revelará que las intenciones detrás de los sabotajes son más retorcidas de lo que parecen.
Sueños de transición (****): una nueva tecnología permite trasladar la conciencia a un cuerpo robótico, más resistente y presuntamente inmortal. Sin embargo, el paso de lo orgánico a lo inorgánico tiene como efecto secundario la aparición de los llamados sueños de transición, alucinaciones pasajeras que, según declaran los fabricantes, el sujeto no recordará. // Es muy refrescante ver cómo Egan también es capaz de manejarse en el género de terror.
Fuego plateado (***): el fuego plateado es una enfermedad terrible e incurable que, literalmente, descarna al afectado hasta matarlo. La aparición de un nuevo brote de la enfermedad obliga a la protagonista a viajar a una serie de aldeas donde se celebran festivales de música new age.
Motivos para ser feliz (****): el protagonista, desde niño, era feliz y vital. Ya adolescente descubrieron que esa felicidad era provocada por un tumor cerebral, cuya presión excitaba la producción del neurotransmisor leu-encefalina, sustancia que provoca, entre otras reacciones, un completo estado de bienestar mental. Extirpado el tumor, el protagonista se sume en una depresión brutal durante años. Afortunadamente, una nueva terapia promete devolverle las ganas de vivir // Egan realiza su particular Flores para Algernon. Es de los relatos donde mejor he visto plasmar el sentimiento de depresión sin necesidad de caer en cursilerías presuntamente poéticas. Egan es científico, su mente analítica no concibe la poesía; y, sin embargo, sus descripciones exactas logran sonar poéticas.
Nuestra señora de Chernobyl (****): un acaudalado magnate contrata al protagonista para que recupere una reliquia cristiana ortodoxa del siglo XVIII, un pequeño icono de la virgen por el que ha pagado un precio sospechosamente elevado.
La inmersión de Planck (**): en un futuro muy lejano en el que los seres humanos han dejado atrás sus cuerpos orgánicos, un grupo de científicos se dispone a entrar en un agujero negro para lograr entender qué ocurre en su interior, si es que ocurre algo. O yo que sé.