Como lector de múltiples culturas, poeta sobre todo, y viajero de mil rutas, Rogelio Sinán supo inventarse los países de acuerdo a estructuras míticas que revivió y ajustó a su propio imaginario. Y asimismo puso en circulación, gracias a un poder evocador inimitable, relatos y leyendas antiquísimos con voces y escenarios panameños. Esta fue su estrategia para dar unidad a su discurso de identidad nacional. Y fue así, como producto de lo escrito, que él logró constituir esa comunidad imaginaria que hoy leemos como lo que es y ha quedado a modo de representación de la panameñidad. No hay con Rogelio Sinán se inauguró el capítulo de mayor trascendencia en la historia del discurso narrativo en Panamá. Estudioso y conocedor, como pocos, de los procedimientos lingüísticos y estilísticos estrenados en el siglo XX, recorrió los innumerables caminos del tejido del lenguaje; trascendió las trampas escondidas en algunos de sus mecanismos; rearticuló la herencia de pensadores, sociólogos, historiadores, escritores y científicos de Occidente; sembró los fundamentos de nuevas representaciones estéticas; reinventó la historia de los suyos con la mirada del hombre moderno y supo subrayar con acierto las características de la identidad nacional y de las múltiples imágenes de nuestro continente.
Fue una lectura que me sorprendió porque es la primera vez que leo algo como esto; hace mucho tiempo lo tenía en mi biblioteca y quise aprovechar este mes, el mes más significativo en Panamá, para leer literatura nacional.
La narración se me hizo un poco confusa en varias ocasiones pero el chisme entre Don Céfaro, Elena, Crispín y Mack estaba muy bueno! La narrativa del autor logra involucrarte por completo en la historia y esto me pareció fascinante. El cruce entre las líneas de tiempo y el cambio constante de narrador me mantuvo concentrada y metida por completo en la lectura; de repente se puede tornar un poco confuso pero apenas agarras el ritmo, no puedes parar de leer.
Adicional, no solo veremos una historia que da varios giros inesperados, sino que también conoceremos un poco de historia como la construcción del Canal de Panamá y la Segunda Guerra Mundial.
Plenilunio fue calificada como “la mejor novela panameña”. A pesar de algunos estereotipos, es indudable que la obra funciona muy bien. No importa que la trama se desenrede a base de diálogos. Sorprendentemente, las entrevistas paralelas de los protagonistas nos van arrastrando hasta llegar a la resolución. Cada personajes contesta a la pregunta de ¿qué pasó?, contando su propia participación en el problema, y, aunque los diálogos se intercalan, el lector no pierde el hilo, sino que se sumerge en el relato. El hecho de que Sinán no nos pierda en esta complicada narración, sino que nos deje seguirla sin dificultades, es admirable.
Además de la arquitectura de esta novela, está quizás lo que obviamente atrae más atención. Y es cómo Sinán juega con su papel de autor partícipe en la novela. Yo no sé si habrá leído la nivola de Unamuno, probablemente sí. Aunque use ese mismo recurso, el panameño deja bien lograda la inserción de su persona en la trama. A diferencia de Unamuno, Sinán no interrumpe la novela para añadirse en la narración. Desde el primer momento, el autor advierte su rol, que eventualmente sufrirá una metamorfosis para confundir un poco al lector.
Sí, como dije al inicio, unos de sus personajes dejan asomar rasgos molestamente reutilizados, como el villano con apariencia repugnante, o la “neurosis femenina”. Esto último, sin embargo, es desenmarañado a lo largo de la novela. Al final, se teje ese hilo con la personalidad compleja de Elena, una de sus personajes principales. Por eso, el asunto sale comprensiblemente bien parado.
Plenilunio de Rogelio Sinán es un muy buen lugar para empezar a leer literatura panameña, que aún está por descubrirse....
Esta es una novela, fuera de serie. Es la primera vez que leo una novela de este tipo. En la que el autor, y la lectora ( en mi caso) , se confunden dentro de la trama, controlan las situaciones y personifican seres dentro del libro. Las primeras páginas del libro son oro puro. Tiene un lenguaje simple, si. Pero tiene en grado de dificultad, la composición. Lo que quiero decir es que no hay capítulos. No hay cambio de escenario. Hay sutiles cambios entre los personajes, todos hablando en primera persona. No hay forma de predecir los acontecimientos, ya que el autor rompe con la lógica de cualquier historia que conozco. Entrelazando los tiempos existenciales de los 4 personajes principales etiquetados. Es una novela que retará tu habilidad de concentración. Pondrá a prueba tu enfoque en seguir el hilo de la trama. Una obra ganadora del Premio Ricardo Miró en la categoría Novela, un autor excepcional en su escritura creativa.
A veces me pregunto qué de interesante tiene el nombre Rogelio Sinán para Bernardo Dominguez Alba, mi autor panameño favorito. Plenilunio no supera a la Isla Mágica pero es exquisita, preciosa novela. Sinán fue galardonado en 1943 y nació en la época republicana. Cuando me tocó analizar ésta novela en la escuela recuerdo la gran influencia de Niebla de Unamuno, la novela psicológica donde el lector es quien tiene el poder. Nunca la vi como una comedia, su trama me parece triste, donde Elena Cuhna sufre una enfermedad mental (para mi) y es aprovechado como objeto de lujuria. En Plenilunio se ven claramente los pecados del Panamá de Oro, el Panamá con arquitectura bellavistina y suciedad moral imperante.
Diferente, cruda, rara, interesante, con una cantidad alarmante de ...
Metaficción "envenenada" con los postulados de Freud y adobada con los eventos mundiales que marcaron la época. Es un reto leerla, la forma en como está construida invita a la complicidad. Navega por mares turbulentos de la complejidad humana sin dejar perderse.
Las obras del autor son impresionantes... para la época... espero seguir leyéndolo... 🕵️♂️
Realismo mágico repleto de pasión. Por momentos, da la sensación de sentirse como una conversación directa con el narrador. Una maldición familiar que se hace verosímil con la detallada descripción de ese Panamá antiguo, cargado de turbulencia histórica.