El Morador de Las Tinieblas es el último relato escrito por Howard Phillips Lovecraft. Con él, finalizo la lectura de toda su narrativa, sobrecogido y emocionado.
La historia trata sobre un escritor y pintor, Robert Blake, que muere en extrañas circunstancias, aunque muchos no quieren ver más allá de lo evidente y se aferran a un racionalismo bastante sensato si se quiere preservar la cordura. Durante su última etapa vital, Robert estuvo obsesionado con la iglesia abandonada de Federal Hill, Providence. Su curiosidad lo llevó a investigar sus tenebrosos interiores, desembocando en las habituales consecuencias de vislumbrar los hórridos confines del universo.
No es uno de mis relatos favoritos, pero cabe destacar una serie de hechos que confieren a esta obra de cierta relevancia:
En primer lugar, este relato es una continuación de El vampiro estelar, escrito por Robert Bloch, discípulo y amigo de Lovecraft, a quien, de hecho, va dedicado. Seguramente esta historia sea más interesante conociendo el trasfondo original.
En segundo lugar, se observa la evolución de Lovecraft como escritor si la comparamos con obras tempranas, no ya de su narrativa, sino del propio horror cósmico. Se mantiene la esencia y personalidad de su estilo, con esas descripciones eternas y minuciosas, pero el personaje protagonista resulta algo más profundo. Quizás, al tomar a Robert Bloch como retrato y no a sí mismo (como intuyo que solía hacer) se esmeró más en su construcción, pero sin pasarse tampoco, porque no olvidemos que los protagonistas de las obras de Lovecraft no son sus personajes sino sus escenarios y horrores.
En tercer y último lugar, la atmósfera que se consigue durante la expedición a la iglesia es sublime. Nada a lo que no nos tenga acostumbrado el bueno de Howard, pero en esta ocasión siento que consiguió decir más con menos, describiendo un lugar totalmente siniestro, no sólo ya por la visión de su arquitectura y de los terribles objetos que contiene (libros prohibidos, restos humanos y demás parafernalia) sino también por las creencias populares que emanan de aquel lugar embrujado y de la reacción de los habitantes de Federal Hill a los sucesos acontecidos.
Ahora siento un vacío terrible, como si al leer este último relato hubiera muerto parte de la magia del mundo. Supongo que es el momento de atacar las colaboraciones que Lovecraft tuvo con otros autores, toda su poesía y las cartas que se hayan publicado.