Desconfiábamos del paisaje porque el acceso a él nos era negado, pero tras nuestro recelo se encontraban el disgusto y el anhelo. El disgusto de respirar a todas horas aire procesado, el anhelo de la luz directa, del tacto. Al final he llegado a destino. Gune existe a pesar de todos los argumentos que nos dimos en contra de esta existencia; de todos los argumentos que justificaban aquella vida de entonces. Existe y desde aquí te hablo.
Alicia consigue que apenas 156 páginas te lleguen directas al cerebro y lo sacudan sin piedad alguna. Una joyita que quiero releer en un tiempo, igual que hice con Barro. .
Carne me ha fascinado. Aunque forma parte de una trilogía con Barro y la que será la tercera novela, Sombra, el hecho de que cada novela tenga una entidad en sí misma (y sea autoconclusiva) le aporta, en mi opinión, muchísimo valor. Y, a la vez, puede que haya jugado en contra de lo que muchos esperaban de Carne.
Barro era una fantasía onírica y, al ser Carne su continuación, me da la sensación de que la gente esperaba esa atmósfera de soñolencia. Error.
Carne es la historia de una carta en un mundo en el que no debería haber cartas. Es la historia de personas que están aisladas, que jamás pueden tocarse. Es una historia de amor. Y un amor que duele a veces, porque amar a alguien a quien no puedes tocar, cuya piel está a milímetros de la tuya y jamás llegarán a encontrarse.
Creo que Alicia ha acertado con muchísimas cosas en esta novela. Me gusta la metáfora de las relaciones humanas, el miedo al amor y al contacto (que es en definitiva lo que vive la protagonista, el miedo a salir de su zona de confort).
¿Por qué no se lleva 5 estrellas? Pues porque la premisa final, sobre la que se sustenta el giro, para mí tiene carencias de ciencia y se sustenta más en la filosofía, en conceptos e ideas más que en hechos científicamente comprobables (es difícil decir todo esto sin soltar spoilers a mansalva).
Pero Carne es una obra maestra y Alicia, un tesoro.
Una pequeña (por extensión) obra maestra y una reflexión rompedora sobre la identidad y las cosas que nos definen. Hacía mucho que una distopía no era capaz de absorberme de esta manera. Un libro para recrearse y releer más de una vez.
Me ha pasado igual que con Barro en su momento: la historia no es de terror, pero Alicia se ha marcao una atmósfera chulísima de "uyuyuy" que AY AY AY.
Leedla si os apetece que os soplen la mente, como diría un inglés mal traducido.
Alicia tiene ese algo, no sé qué, que te embauca. Me sucedió con "Barro", pero con más fuerza me ha ocurrido con "Carne". Prosa hermosa, narrativa bella para enmarcar una historia de ciencia ficción con tintes intimistas que se lee en una deliciosa tarde y que, al terminar, solo tienes ganas de volver a comenzar.
Como siempre me pasa con Alicia, empiezas a leer esperando una cosa, y al final el libro se convierte en otra completamente distinta. No puedo decir mucho sin destripar demasiado, hay que leerla para entenderlo. Pero me encanta cómo evoluciona la historia hasta desembocar en una ciencia ficción de las que te hacen pensar. No sé si hard o social o humanista, o un poco de todo, pero ciencia ficción de la buena. Y solo la he leído una vez, y estoy segura que me he perdido muchos detalles. La volveré a leer para empaparme más de Carne. Así de primera impresión le veo algún paralelismo con ideas leídas en UNO, de Nieves Delgado, pero la visión es completamente distinta y las conclusiones extraíbles también. Y tiene uno de esos finales abiertos que dan para desvariar... mucho. ¡Fantástica novela!
Esta vez no. Si bien Barro (su otra novela con Cerbero) me entusiasmó, Carne se ha quedado en un relato entretenido. Es verdad que Alicia Pérez Gil escribe muy bien, pero aunque el relato sea original y esté bien escrito, por desgracia no he logrado conectar, ni me ha transportado al mundo que pretende describir (salvo en las primeras páginas) e incluso diría que durante bastantes párrafos la novela me ha resultado reiterativa y que vagaba sin rumbo. En cierto modo, más que a la narración de una historia, he tenido la sensación de asistir a un diálogo que intentaba explicarme la historia que quería contar... Sea como sea, continúo pendiente de lo que pueda publicar esta escritora, porque a pesar de que esta novela no me ha impactado como la anterior, sigo pensando que Alicia Pérez Gil es una de las plumas más interesantes de la narrativa de género española en la actualidad.
Jamás pensé que la segunda parte de Barro pudiera superar a su predecesor pero... Lo consigue. Carne es una historia profunda, llena de misterios y con dos personajes muy bien desarrollados. Te hace preguntarte que está ocurriendo a cada momento y consigue que te quedes con ella hasta el final.
El mayor problema es que no ha salido la tercera parte... Todavía.
Una historia muy interesante. Ya sabía qué temas trata porque Alicia había hablado de ellos en la presentación, pero no me esperaba para nada el rumbo que toma la historia. Ha sido fascinante y me he quedado con ganas de más.
También tenía ganas de ver si me iba a dejar tan confundida como Barro. Spoiler: no.
Es un libro muy entretenido y que plantea muchos temas. Disintas maneras de afrontar el colapso de la sociedad actual, la identidad y lo que nos define, distintos tipos de amor, el espacio personal y la zona de confort...
Pues, aunque diferente, al final Carne sí que tiene que ver con lo que se cuenta en Barro, o más bien la forma de contarlo en cuanto a las reflexiones y el viaje de descubrimiento del personaje. Creo que por leer antes Barro ya iba más preparada con lo que me iba a encontrar y por eso he disfrutado más lectura, también porque la historia va de menos a más y da tiempo al lector de ir asimilando lo que pasa. Pero igual que con Barro, creo que una segunda lectura es conveniente para descubrir detalles y pistas que había dejado la autora y entender todo mejor. Por cierto, Barro y Carne son dos historias independientes, por si no había quedado claro.
Yo no sé cómo lo consigue Alicia, pero siempre me impresiona con la profundidad de sus temas, con su forma de jugar con los recursos, con lo que explica y lo que no, con los símbolos, la sutileza, con el todo. Mi problema es que soy una persona un poco lenta y por lo general no entiendo las cosas hasta que me las explican bien. No estoy segure de entender todo lo que hay detrás de Carne, pero eso no le impide maravillarme. No voy a mentir, antes de llegar a la mitad, me estaba perdiendo. No entendía lo que pasaba, de qué iba la historia, cómo se conectaba todo, y no me estaba gustando demasiado porque yo necesito claridad. Pero cuando en la mitad arranca bien la explicación, el tema central que lo encaja todo, ya le pillé la intención y pude disfrutarlo hasta el final. Si te gustó Barro, Carne te gustará también.
La narrativa de Alicia es preciosa. Diría que Carne me ha gustado más que Barro, pero ninguna de las dos las veo en sus géneros. No sé si es porque tocan donde más me agobian, pero para mí son terror. No del que asusta, sino del que te deja intranquila.
Tengo muchas ganas de leer Sombra, aunque por ahora no veo el hilo que una a esta trilogía más allá de la manera de contar la historia.
He de reconocer que la lectura de Carne me ha resultado más difícil que la de Barro. No digo que sea peor, solo que el registro cambia y aquí nos encontramos con un ritmo más pausado. No apela tanto a las sensaciones del subconsciente, todo lo contrario, tiene un discurso más racional sin dejar de lado las partes más sensoriales y maravillosas, como las cartas de Adami o el final. Tal vez, a las que no os gustó tanto Barro, aquí disfrutéis más de la lectura.
La búsqueda de algo más en la vida, sensaciones, relacionarte, una identidad. Esto lleva a Adana a seguir los pasos de Adami en busca de una Tierra Prometida. Y la encuentra. La revelación final será el precio a pagar por ello. Como la suerte de Caronte en Barro, nada es gratis.
Realmente, el viaje que nos cuenta Alicia es el de Adami. Es quien toma la iniciativa de salir, quien nos dice como huelen las flores o como es que el sol toque tu piel por primera vez. Como sabe una sopa.
Adana es el vehículo en el que se monta la lectora para saber a dónde ha ido Adami. Con toda la cuenta, Alicia dibuja más nítidamente a Adami que a Adana.
Y el final es, en cierto modo paradójico: la búsqueda de identidad, de importar dentro de su mundo lo consigue a cambio de perder los elementos únicos, físicos y psíquicos, se mezcla, se diluye en la sociedad. Consigue dejar de ser nada a ser parte de un todo, da al grupo y ella recibe de las demás. Esto es la leche.
Para empezar, ¿Adana necesita encontrar ese lugar utópico o solo a Adami? ¿La identidad es algo nuestro o nos la dan las demás? ¿Hasta qué punto nosotras somos nosotras o la suma de la gente que nos rodea? Se abre aquí mucho debate y una invitación más que interesante a la reflexión para la lectora.
Una última impresión: si tuviera que relacionar Post Scriptum #1 con el #2 diría que, si Barro es nacimiento, Carne es adolescencia. El motor de la historia no dejan de ser los deseos que surgen en esa etapa de la vida: cambios en la vida, una identidad propia a la vez de la pertenencia a un grupo, encontrar a alguien con quien mantener una relación más íntima, profunda y sincera.
Alicia es una escritora muy versátil que todas deberíamos leer. Por mi parte, solo tengo ganas de leer Sombra ahora.
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Después de leer Barro y apenas gustarme, venía con pocas expectativas a carne, y la verdad es que no lo pude terminar, en la página 104 pasé directamente a las últimas 5 para saber como terminaba y poder leer el último de la trilogía.
Siento no ser capaz de terminar carne, pero me resulta prácticamente imposible engancharme a la historia o seguirla simplemente. Pese a ser una novela corta de unas 140 páginas apenas leía 3 o 4 seguidas, me resultaba muy tedioso el que prácticamente no pase nada en 30 o 40 páginas y todo sean divagaciones filosóficas o cosas así, la autora entiendo que tiene su publico y demás, pero a mi tantas vueltas y conversaciones con a mi parecer, poca chispa, no me hacen ningún favor. Yo soy un lector sencillo, busca relatos sencillos y directos donde haya acción o al menos aventuras, como fueron en su momento Domori, o los hijos de la araña, los cuales puntué con 5 estrellas ya que fueron novelas muy fáciles de leer, directas a la acción y con las vueltas justas a sus filosofías y demás. Siento mucho que la autora tenga que leer que alguien no se acaba uno de sus relatos y salta directamente al final y a mi también me da un poco de cosa, ya que escribo relatos y entiendo que si alguien me suelta que no lo pudo terminar y fue directo al final puede llegar a molestar...
Repito, yo soy un lector que busca cosas simples, mis géneros son el terror, la novela negra y la acción, supongo que tanto Barro como Carne al enfocarse mas en fantasía y CF junto al amor y demás, se me hizo un poco cuesta arriba, pero no quiero decir que sean malas novelas cortas, ya que encontraréis muchas más valoraciones positivas que negativas, simplemente no encajan en mis gustos y ya.
Ahora toca Sombra, del cual espero que me guste más ya que su genero de Terror tiene algo de lo que busco!
En conclusión, si, como bien dice la escritora Nieves Delgado (36 y UNO), 2017 fue el año en el que el mundo al fin descubrió a Alicia Pérez Gil, estoy convencido de que esta autora seguirá cosechando éxitos porque su estilo fresco y poderoso, sus temáticas atrevidas y sus profundos mensajes seguirán atrayendo a un público cuantioso, fiel y, quizás, algo selectivo. 2018 será el año en el que Alicia Pérez Gil seguirá creciendo, nos volverá a sorprender y hará que sus obras nos marquen como Adana marcó a Adami. No hace falta que exclame las ganas que tengo de leer Sombra, la que será la tercera parte de la trilogía.
Carne me ha gustado menos que Barro, quizá porque el aspecto onírico cuadraba mucho más con el mundo de fantasía que construyó la autora. En Carne el simbolismo me ha resultado bastante confuso, y una vez llega la parte más Ci-Fi también me perdí bastante. Quizá un desarrollo más extenso de esos símbolos y esas ideas que sobrevuelan la narración hubiese ayudado a que se entendiese mejor. Aun así, la prosa de Alicia sigue siendo maravillosa, y la trama y los temas que trata son muy impactantes.
Como ya dije en la reseña de Barro esta segunda parte de la trilogía Post Scriptum de Alicia Pérez Gil es una sucesión de imagenes, todas con significado, profundidad y parte del mensaje que nos quiere hacer llegar.
En el caso del primer libro, Alicia usaba el género de la fantasía para su mensaje, en ese caso, también de manera impecable usa la ciencia ficción como medio. Una ciencia ficción que, aunque seguramente sea cosa mia, he decidido describir como sensorial.
A través de imágenes basadas en los sentidos primarios, y en muchas técnicas que confunden y atrapan, se nos narra una huida, un despertar, una búsqueda, un final para mí inesperado.
Me callo ya, porque no se si he contado demasiado, y dejo que disfruteis esta novela corta como la he disfrutado yo.
Tienes dos opciones, aislamiento o asimilación. Todavía no sé si estoy dispueste a perder mi individualidad ni la privacidad y autoría de mis pensamientos. Alicia, mecachis, siempre haciéndome pensar.
Me gustó mucho 'Barro' de la misma autora, clasificado como 'fantasía', sin embargo, este clasificado como 'ciencia-ficción', me ha decepcionado.
El libro tiene demasiadas ideas entremezcladas sin demasiada argamasa científica real. Sin desvelar nada de la historia diré que el 'artefacto' en teoría central para la historia no tiene, ni creo que pueda tener, base científica posible. Simplemente creo que la autora se pierde en ideas seudocientíficas sobre lo que significa la 'perfección' o lo que implica la 'reducción de la imperfección', usando una visión demasiado antropocentrista que no tiene sustento en ninguna realidad creíble. Dado que al final se cruza una idea mística adicional que tampoco tiene ninguna asidero científico creíble, creo firmemente que esta historia sería bastante mejor si se reescribiese en un marco no realista y se clasificase a sí misma como 'fantasía'.
Me ha convencido más que su obra predecesora, Barro. Me ha gustado la forma de usar las cursivas para contar la historia desde varios puntos de vista y ha tenido un girito final muy chulo.
Sin duda Alicia Pérez Gil es una de las autoras actuales a seguir. "Barro" en su día me dejo totalmente descolocado, la verdad es que no sabía muy bien que pensar, ¿Ida de olla? ¿Obra maestra? ¿Relectura? ..... Y con "Carne" todas mis dudas se han disipado, sinceramente creo que, aunque muy diferentes, están intrínsecamente ligadas. No entendería una sin la otra, no entendería Alicia sin Adana y viceversa. ¿Y sabéis que es lo mejor? Aún nos queda "Sombra" que cerrará la trilogía "Post Scriptum". Amad y dejad ser amados y utilizad el verdadero poder las palabras.
Quizá me pierdo algo por no haber leído Barro antes de meterme con Carne, pero parece que se pueden leer independientemente.
Carne va de individuo, de identidad y de sociedad. De rehacerse, de desencasillarse, de cuestionar y de vencer el miedo que se nos alimenta desde el colectivo.
También va de la excitación del descubrimiento.
En Adana percibo una cáscara de inseguridades, agrietada por la certeza: al otro lado está Adami y en Adami confía, así vence Adana sus reticencias y se lanza a descubrir, de la mano de Adami, aunque ya no esté.
Los protagonistas, dos aspectos de un todo, son también algo del contraste, siempre presente, de entorno aséptico en envoltorio de plástico, frente a la vastedad sensorial del contacto físico. Oler el mundo frente a oler aire tratado y reciclado, oír personas frente a oír televisiones, tocar piel contra textura frente a palpar desde un guante…
El estilo me agrada, el cómo Alicia viene y va, te lleva y te trae, con frases que empiezan donde acaban, conceptos contrarios en las mismas palabras y una suerte de rizos suaves, curvas y ondas de palabras interdependientes. Estos elementos conceptuales encontrados refuerzan los contrastes que mencionaba. El engaño colectivo, que enmascara todo un mundo, y el cambio de vida radical, atreverse a asomar el hocico y empaparse de realidad. La sociedad de emociones estériles y, a la vez, el amor incondicional latiendo en ese mundo y ajeno a él; la castración sensorial y el despertar de todas las sensaciones… El individuo disuelto en el colectivo de forma deshonesta, y la recuperación de la individualidad para fundirse en el colectivo... honesta y voluntariamente.
Es cierto que, aunque me gustan estos enrevesamientos conceptuales y lingüísticos, la lectura se me hizo pesada en algún momento hacia la mitad (ya he visto que no estoy sola en esto...). No sé decir si más hacia atrás o más hacia adelante porque no me paré a mirar por dónde iba. Lo leí en dos días y la lectura la interrumpí por razones ajenas a sí. No es una novela tocha y esa parte algo más pesaduca se pasa enseguida, apenas te planteas que ya cansa, y ya ha dejado de cansar; sigues leyendo tan feliz.
No es lo que esperaba, aunque sinceramente después de leer Barro no tenía muy claro que esperar xD, pero me ha gustado y mucho, esa capacidad de sorprenderme y llevarme por giros inesperados en libros tan cortitos es fantástico.
Carne presenta una sociedad distópica en la que los seres humanos viven protegidos del exterior en ciudades-cúpula. Esta sociedad se encuentra totalmente desnaturalizada y envuelta en plástico. Sus ciudadanos son un grito de auxilio, una pugna entre la vida y la simple existencia. Y es en esta representación exagerada de nuestra actualidad en la que encontramos un gran componente de crítica social que ya hemos podido ver con anterioridad en las obras de la autora vallisoletana. Alicia tira nuestras costumbres al suelo. Luego nos hace reflexionar. Y, mientras lo hacemos, nos empuja contra un suelo plagado de nuestra propia basura.
No sé si hay un mensaje subyacente, al menos yo no he encontrado ninguno que me parezca *menos que obvio* así que probablemente sea que no es el momento adecuado para haberme metido en esta historia. La prosa está bien, pero no lo sostiene por sí sola. Y lo demás no me ha convencido, desde el argumento hasta los personajes.