4.5
La mayoría de los relatos de esta antología, Hiperbórea, y otros mundos perdidos, pertenecen al denominado ciclo de Hiperbórea, pero Valdemar ha recogido también los tres relatos pertenecientes al ciclo de Marte (Aihai) y otros dos que conforman el ciclo de Xiccarph.
Si bien las historias son variadas (algunas juegan con el absurdo y el surrealismo, otras son profundamente aterradoras y gores, otras son picarescas…), la mayoría comparten determinados rasgos. La prosa es ornamentada y las descripciones prolijas y ricas. La ambientación es siempre lo más importante, más que los personajes, y sobresaliente: imaginativa, diferente, exótica. Los protagonistas, siempre hombres, no son, a diferencia de los de Lovecraft y Robert E. Howard, intelectuales al borde de la locura o bárbaros con espada, sino pícaros, hechiceros o villanos. No hay héroes, y, si alguien se acerca a la figura de héroe, el desenlace no es en ningún caso heroico. De las historias se desprende nihilismo y decadencia; al final todo se pierde, nada se salva.
― (…) y vosotros, que osasteis interferir, yaceréis a mi lado convertidos en un montoncito de polvo… y el polvo será arrastrado por el viento.
La mayoría de los relatos destilan horror cósmico, pero con la impronta de Smith: sus dioses son grotescos, sin grandeza ni en su forma ni en su motivación.
Los cuentos de Hiperbórea
Estos relatos están ambientados en el continente de Hiperbórea, en una era prehistórica donde convivían humanos y dioses antiguos primigenios, donde había hechiceros, pícaros ladrones y sacerdotes de cultos olvidados. Pero es un mundo en desaparición, que está sucumbiendo bajo una glaciación extrema. Historias decadentes en un mundo decante.
Aunque la ambientación predominante de Hiperbórea nos lleva a pensar en las tierras de Conan, algunos relatos emanan tal exotismo que, si me hubieran dicho que formaban parte de Las mil y una noches, me lo hubiera creído. Los personajes son algo pasivos (el más pasivo, sin duda, el hombre de Los siete geases), porque, como mencioné, lo primordial es la ambientación, en este caso, la tierra de Hiperbórea. Los cuentos son de una oscura fantasía, pícara y sin final feliz, con un humor algo perverso en ocasiones.
La verdad es que disfruté de todos los relatos; del que menos, Los siete geases, uno de los más alabados del autor, pero se me acabó haciendo repetitivo.
Marte y Xiccarph
En cuanto a las historias de Marte (llamado aquí Aihai), estas resultan bastante lovecraftianas y, si bien para muchos lectores son de las más destacables, la única que me ha dejado asombrada ha sido la última, Las criptas de Yoh-Vombis, que parece el germen de la película de Alien; solo por eso merece la pena acercarse a ella.
Las dos historias de Xiccarph están entres mis favoritas. El protagonista es un villano y se ambientan en un exótico sistema planetario.
Resumiendo…
Unos cuentos muy variados en los que no abunda la acción, ni los giros dramáticos, por lo que, si prefieres historias veloces, puede que no los disfrutes tanto como yo; pero, si te deleitas con la imaginación exuberante o paseando por tierras lejas con pícaros ladrones, buscando tesoros malditos, haciendo arqueología extraterrestre o con los finales inciertos, si disfrutas de la prosa algo barroca y de la atmósfera de la fantasía oscura, C. A. S. será uno de tus mejores anfitriones.